Yoga y Crisis

Cuidarnos con el yoga en tiempo de crisis; la respiración y otros recursos

El yoga es una disciplina espiritual que tiene como objetivo primario el despertar, la iluminación, mediante un trabajo del cuerpo físico que lo predisponga a mantenerse en una postura sentado durante horas para meditar.

Pero el yoga tiene muchas otras definiciones. El segundo sutra del libro primero de Patanjali dice que el yoga es el cese de todos los movimientos inestables de la mente.

También se puede definir como un medio que nos ayuda a conseguir un bienestar físico y emocional.

El Ayurveda, la medicina tradicional del sur de Asia, incluye el yoga como recurso para mantener la salud, y éste se conoce como “Yogaterapia”.

La Yogaterapia no es solo la aplicación de asanas y las diferentes técnicas que el yoga como disciplina nos ofrece, sino que también tiene en cuenta nuestro estilo de vida, la alimentación, nuestros hábitos, nuestros ritmos biológicos, el tipo de trabajo que realizamos, nuestra vida relacional, entre otros. Todo lo que nos rodea y todo aquello que conforma nuestra vida diaria tiene un impacto en nuestra salud física, mental y emocional. Todo ello es yoga.

La práctica del yoga -como disciplina física- nos enseña muchas cosas, pero la herramienta fundamental es el control de la respiración, en la medida que sea según nuestra capacidad. Es decir, no es cuestión de pensar que lo hacemos bien o mal, porque todos sabemos respirar, no es así? Es algo involuntario, nuestro cuerpo respira por si solo sin que la mente se lo tenga que ordenar; pero también podemos dirigir nuestra respiración de manera voluntaria, y lo hacemos a partir de nuestra capacidad respiratoria, y desde este punto, avanzamos a nuestro ritmo, respetando y aceptando el aprendizaje y la adaptación según nuestras aptitudes, necesidades y situación actual.

A partir de la respiración se sostiene uno de los objetivos más importantes del yoga: la relajación, la liberación y la fluidez, primero del cuerpo, y en consecuencia, de la mente, sosegando el ritmo de los pensamientos. Como los pensamientos y las emociones van de la mano, si tenemos una mente tranquila con pensamientos serenos, las emociones que se derivaran de ello serán placenteras y favorecerán un estado de placidez o impasibilidad. De esta manera conseguimos lo que nos dice el sutra dieciséis del libro segundo:

“Lo que se debe evitar es el sufrimiento futuro”. Si aprendemos a relajarnos mediante la respiración, evitaremos sufrimiento porque con una mente relajada tenemos más capacidad para enfrentarnos a los desafinamientos de la vida. Con la observación del cuerpo y la respiración consciente y voluntaria seremos más capaces de enfrentarnos a la vida y sus adversidades.

Cuando nos sentimos mal es más fácil que los pensamientos negativos nos invadan. Nos dejamos arrastrar por la mente agitada, y esto favorece la manifestación de emociones negativas. En estos momentos de sufrimiento, si somos creyentes rezamos a Dios para curarnos pronto, para que esta pesadilla termine pronto. También son momentos en los que nos prometemos a nosotros mismos que cuando nos encontremos bien empezaremos a hacer ejercicio, o dejaremos de fumar, o dejaremos de comer tanto, o apagaremos el televisor y leeremos más, o lo que sea.

Pero qué suele pasar cuando nos sentimos bien? Estamos de buen humor, no es así? Y cuando estamos de buen humor recordamos aquellas buenas intenciones de antes? Normalmente no. Me refiero que si realmente deseamos ver un cambio en nuestra vida debemos ser constantes y perseverantes incluso en los buenos momentos. Para recolectar frutos -el bienestar que nos hace ser capaces de enfrentarnos a los retos futuros con menos sufrimiento- se debe trabajar la tierra -nuestro cuerpo y nuestra mente- con amor, constancia, perseverancia, paciencia y fe. Sobre todo cuando nos sentimos bien. Este es el reto de todos: no abandonar las virtudes de la constancia y la perseverancia cuando la vida fluye y nos sonríe. Continuar con nuestro cultivo interno en los momentos de alegría.

Pero también puede pasar que cuando nuestra mente está trastornada, pesada o derrotada, nos procrastinamos nosotros mismos, dejando para más adelante aquellas actividades, hábitos o costumbres que nos sabemos buenas para nosotros; aplazando para un mañana que nunca llega aquello que nos ayuda a sentirnos satisfechos. De esta manera, el reto de cuidarnos es una constante en nuestra vida. Tanto en época de crisis como si no.

Según el Ayurveda, el cuerpo tiene cinco capas, que van de la más grosera a la más sutil: la física, la vital, la intelectual, la personal y la central. Todas se interrelacionan y lo que ocurre en una afecta en menor o mayor grado a las otras. La Yogaterapia tiene en cuenta a toda la persona, lo que la conforma y lo que la rodea. Para tratar un sufrimiento, deshacer un nudo o disipar un conflicto, se encuentre en la capa en la que se encuentre, deben tenerse todas en cuenta. La que tenemos a más alcance es la capa física. A partir de ésta podemos acceder al resto de capas.

Si volvemos a la idea principal de que el objetivo del yoga es preparar el cuerpo para una meditación larga, y somos realistas, humildes y compasivos con la situación en la que nos encontramos la mayoría de seres humanos, de que si dedicamos unos minutos, aunque sean pocos, una o dos o tres veces al día, para meditar, ya estaremos haciendo una gran labor; pero tenemos que saber que sentar-nos a meditar sin prepararnos previamente, en la mayoría de los casos, nos llevará a la frustración, porque la mente estará agitada. Para favorecer la meditación, nos hace falta una mente serena, y para una mente serena nos hace falta un cuerpo físico relajado y una liberación de las emociones que nos ahogan.

Disponemos de muchos recursos -no solo del yoga- que nos pueden ayudar a sostener el abanico de emociones y las dificultades fisiológicas que podemos estar viviendo en estos momentos. La idea es liberar nuestro cuerpo de las tensiones, ayudarlo a fortalecerse y mantenerse sano y relajado, sanar nuestro corazón y liberarlo de las emociones negativas y nutrirlo con amor, tengamos las creencias que tengamos, y mantener una mente serena y clara, entendiendo que todo es modificable y adaptable a nuestra persona:

Podemos sentir, aceptar y soltar las emociones mediante el canto, la danza, la risa, la expresión artística como la pintura, la escritura, la música…

Podemos hacer ejercicio físico cada día, de la manera más adecuada según nuestro estado físico y del espacio que dispongamos, practicando yoga, yendo a caminar, a correr, haciendo Pilates, gimnasia…

Podemos aprender a relajarnos. Existen muchos métodos y debemos encontrar el más eficaz para nosotros, pero como he mencionado anteriormente, el control de la respiración junto con el yoga son una herramienta excelente.

Podemos restablecer nuestra energía vital también con el control de la respiración, tomando el sol, conectándonos con la naturaleza.

Podemos meditar todos los días, estar en silencio con nosotros mismos. En realidad no necesitamos nada más que ponernos a ello.

Podemos orar si es lo que el corazón nos pide, diciendo lo que necesitemos decir, creando nuestras propias oraciones.

Tenemos que alimentar nuestro cuerpo de forma adecuada y con alimentos sanos, y del mismo modo, también nuestra mente, con libros, películas y personajes inspiradores; evitando el exceso de noticias y también las imágenes de violencia.

Debemos mantener la higiene personal y también la del hogar, deshaciéndonos de todo aquello que no necesitemos y así favorecer un espacio, físico, mental y energético, depurado.

Tenemos que mantener los horarios de las comidas, del descanso y de la actividad, mimarnos, agradecer, sonreír, ayudar… desconectarnos en la medida de lo posible de todos los dispositivos electrónicos para tener el espacio y el tiempo para conectar con nosotros mismos. En definitiva, aprovechar la crisis para crecer y así, cuando ésta pase, no volvamos allí dónde estábamos, o peor aún, no terminemos más deteriorados, si no que hayamos avanzado en nuestro camino de vida.

Cecília Garrigós Castro

 

 

 

 

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